La carrera de un inspector jefe de la Policía Nacional, condecorado con la medalla roja al mérito, ha sido un camino de dedicación y resolución de casos que parecen sacados de una novela. Este agente, originario de Cádiz, ha sido reconocido por su labor en investigaciones criminales, donde, según sus propias palabras, “la solución está en los detalles”.
Uno de los casos más notorios en los que participó fue el conocido como “el ángel de la muerte”, que culminó con una condena de veinte años de prisión. La investigación se inició tras la muerte de una mujer de 92 años en un hospital de Alcalá de Henares, un fallecimiento que, aunque inicialmente no parecía sospechoso, levantó las alarmas del internista. Tras cotejar varios casos similares, se identificó una coincidencia: la misma auxiliar clínica estaba de guardia en todas las ocasiones. La paciencia y la observación fueron clave para reunir las pruebas necesarias, incluyendo la instalación de cámaras en el hospital, que finalmente permitieron esclarecer los hechos.
“"Nunca se supo, pero yo tengo una explicación de andar por casa, nada científica. A veces los pacientes seniles se vuelven agresivos, son difíciles de tratar y una forma sencilla de acabar con el problema es saturarles de oxígeno."
El inspector, que ha sido una fuente de inspiración para novelas de género negro, ha sido recientemente ascendido a inspector jefe y ahora dirige el grupo de seguridad ciudadana en Alcorcón, una ciudad del cinturón de Madrid. Este nuevo puesto implica un cambio temporal de las investigaciones directas, aunque el agente describe la ciudad como tranquila y con baja criminalidad.
A lo largo de su trayectoria, ha abordado desde el narcotráfico en Cádiz, donde la actividad se concentraba en el Campo de Gibraltar, hasta casos de secuestro y extorsión en la comisaría general, que abarca todo el territorio nacional. Su primera medalla la obtuvo por resolver el secuestro de unos ciudadanos en Colombia, un caso que requirió una compleja negociación. También ha trabajado en homicidios, donde considera que reside el verdadero meollo de la investigación pura.
El agente enfatiza que la resolución de crímenes no se limita a las primeras 48 horas, sino que a menudo depende de lo que se haga en los momentos iniciales del levantamiento del cadáver. A pesar de los avances tecnológicos, subraya que el “crimen perfecto” no es imposible, especialmente cuando no hay un vínculo aparente entre la víctima y el autor. Su método se asemeja al de los detectives clásicos, basado en la observación directa y el pensamiento racional, buscando siempre los detalles más sutiles.




