La colaboración entre un conocido activista y Amnistía Internacional busca visibilizar y erradicar las prácticas de control policial que se basan únicamente en el color de la piel. La campaña surge a raíz de experiencias personales que ilustran la arbitrariedad de estas situaciones.
Una de estas experiencias ocurrió en Madrid, cuando el activista intentaba devolver una bicicleta de alquiler. Fue interceptado por agentes de policía en un control que él describe como rutinario, pero motivado por su apariencia. Este incidente, grabado en un vídeo para Amnistía Internacional España, muestra la dureza y la falta de empatía con la que, según su testimonio, fue tratado.
“"La policía me ha parado unas 200 veces en mi vida."
Esta declaración subraya la frecuencia con la que algunas personas son sometidas a este tipo de identificaciones. El activista relata cómo estas situaciones generan malestar, retrasos e incluso la pérdida de oportunidades laborales. Amnistía Internacional insiste en la necesidad de registrar estos controles para poder identificar y corregir posibles sesgos racistas en la actuación policial.
La campaña no solo busca generar compasión, sino concienciar sobre una realidad que afecta a muchas personas. El activista enfatiza que ser parado repetidamente por el color de la piel lleva a la percepción de que la propia identidad es un problema, impidiendo el desarrollo normal de la vida. Aunque él pudo defender sus derechos, la organización destaca que no toda la comunidad de origen extranjero tiene la misma capacidad para hacerlo, lo que refuerza la importancia de esta iniciativa contra las prácticas policiales arbitrarias.




