Este trazado, que en su momento fue una arteria vital para la conexión entre el interior y la Costa Tropical, revela cómo los habitantes de Ilíberis se desplazaban hacia la costa. La Junta de Andalucía destaca que esta vía presenta marcas de ruedas y raíles, indicando el tránsito de vehículos de tracción animal y la intensa actividad comercial de la época.
El recorrido actual ofrece una experiencia que fusiona naturaleza e historia, permitiendo a los visitantes adentrarse en el pasado. La vía se encuentra en el paraje de Los Molinos, donde también se ubica la Fuente del Mal Nombre, un manantial que brota entre rocas al pie del cerro homónimo.
Ascendiendo a una meseta cercana, se pueden disfrutar de amplias vistas de la Vega y del municipio de El Padul, añadiendo un atractivo paisajístico al itinerario. La zona es conocida por su riqueza hídrica, ya que El Padul se asienta sobre una importante masa de agua que drena de la Sierra del Manar o la Falla de Dílar, lo que explica la abundancia de manantiales.
Aunque sus orígenes podrían ser anteriores, la calzada alcanzó su máxima relevancia durante el periodo romano. Su uso se extendió hasta la Edad Media, momento en que la regresión de la Laguna de El Padul hizo innecesario su trazado original, dando paso a un acceso inferior alternativo.
La depresión de El Padul fue, durante siglos, un punto estratégico para el intercambio de mercancías, personas e influencias culturales. Su conexión con el Valle de Lecrín, la costa, Granada y la Vega la convirtió en un enclave crucial para comprender la evolución social, económica y política de la región, así como las interacciones entre el litoral y el interior.




