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El Origen del Rocío: La Devoción Mariana Creada por el Rey Sabio

Descubre la fascinante historia de la ermita mudéjar que dio origen a la mayor romería católica del mundo.

Paisaje de marismas andaluzas con alcornoques y juncos.
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Paisaje de marismas andaluzas con alcornoques y juncos.

La devoción a la Virgen del Rocío, que hoy congrega a más de un millón de almas cada Pentecostés, tiene sus raíces en una pequeña ermita mudéjar mandada construir por el Rey Sabio en las marismas del antiguo Reino de Sevilla.

Tras la conquista de Niebla en 1262, el rey Alfonso X integró las extensas marismas entre Mures y el Guadalquivir en la Corona castellana, reservándolas como cazadero real mediante una cédula de 1269. En este territorio, conocido hoy como el Coto de Doñana, el monarca ordenó la construcción de una modesta ermita junto al arroyo de las Rocinas. Aunque la fecha exacta de su fundación es desconocida, se estima que se sitúa entre 1269 y 1284. La tradición y el estilo de la talla sugieren la intervención del Rey Sabio, siendo la primera mención escrita de Santa María de las Rocinas de 1335.
La primitiva fábrica, de estilo mudéjar, medía diez varas de largo y contaba con una techumbre de madera. En su interior albergaba una talla de madera de abedul policromada, datada a finales del siglo XIII, que pertenece a la estirpe de las llamadas «vírgenes alfonsíes», diseminadas por las tierras recién conquistadas para afianzar la nueva geografía cristiana. Esta imagen compartía misión con otras devociones promovidas por el monarca.
Una leyenda popular, recogida por escrito en 1758, narra cómo un montero de Villamanrique, Gregorio Medina, descubrió la imagen de la Virgen entre las zarzas de un viejo acebuche a principios del siglo XV. Tras un presunto milagro que hizo que la talla regresara al árbol, se levantó una capilla en el lugar. Si bien la leyenda aparece siglos después de la existencia documentada de la ermita (1335) y la talla (siglo XIII), refleja el fondo verídico de la devoción existente y la disputa histórica entre Almonte y Villamanrique por la preeminencia.
El culto se consolidó en los siglos XVII y XVIII. La capellanía instituida en 1587 por Baltasar Tercero atrajo nuevas devociones. En 1653, Almonte proclamó Patrona a la Virgen, adoptando la advocación actual de «del Rocío» y trasladando la fiesta al lunes de Pentecostés. Se sumaron hermandades filiales, y en 1724 se reguló la preeminencia de las hermandades en torno a la matriz almonteña, siendo llamada la ermita Real Santuario.
El terremoto de Lisboa de 1755 devastó la antigua ermita mudéjar. La imagen fue trasladada a Almonte mientras se decidía la construcción de un nuevo santuario. El templo resultante, de estilo tardobarroco dieciochesco, fue bendecido alrededor de 1758, y la Virgen regresó a su hogar reedificado.
El siglo XIX marcó un punto de inflexión con la fundación de la hermandad filial en Sevilla en 1814, liderada por el matrimonio trianero Francisco Antonio Hernández Almagro y Carmen Tamayo. Esto impulsó la devoción más allá de la comarca, convirtiendo al Rocío en un fenómeno sevillano y universal. A mediados de siglo, el caserío rociero apenas contaba con treinta y cinco chozas.
El verdadero estallido devocional ocurrió tras la Guerra Civil, especialmente a partir de los años cincuenta. La coronación canónica de la Virgen en 1919 había sido un preludio. La multiplicación de filiales, alentada por el desarrollismo y los nuevos medios de transporte, llevó a la demolición de la ermita dieciochesca en 1963 para construir el actual santuario, inaugurado en 1969. Este nuevo templo, de inspiración tradicional andaluza, refleja la magnitud del fenómeno rociero.
Ocho siglos después de su humilde origen, la Virgen del Rocío sigue congregando a multitudes cada Pentecostés. La devoción plantada por el Rey Sabio en las marismas andaluzas ha perdurado, adaptándose a los tiempos pero manteniendo intacto su impulso original y la fe de un pueblo que la reclama.