Estas aves, que representan la rica biodiversidad del litoral granadino, son un eslabón vital en la ruta migratoria entre Europa y África. Su vuelo se caracteriza por batidos profundos y erráticos al buscar alimento, culminando en un magistral 'cernido' donde se suspenden en el aire antes de lanzarse en picado para capturar a sus presas.
En la costa de Granada se pueden observar principalmente dos especies: el charrán común (Sterna hirundo) y el más abundante charrán patinegro (Thalasseus sandvicensis). El charrán patinegro se distingue por sus patas negras, su cuerpo esbelto y un pico largo y negro con una punta amarilla. Los adultos reproductores lucen una cresta negra en la nuca. Es un residente invernal frecuente, avistado en playas urbanas, el Puerto de Motril o espigones.
El charrán común, de menor tamaño, presenta un capirote negro en verano y un pico y patas de color rojo intenso, que se oscurecen en invierno. Además, se han registrado avistamientos esporádicos del charrancito común (Sternula albifrons), el más pequeño y nervioso de la familia, y del raro charrán bengalí (Thalasseus bengalensis), reconocible por su pico de color zanahoria.
Estas aves poseen adaptaciones curiosas para su estilo de vida marino, como una visión de precisión que corrige la refracción de la luz en el agua, una glándula uropigial para impermeabilizar sus plumas y glándulas salinas que filtran el exceso de sal del agua de mar. A diferencia de las gaviotas, los charranes se alimentan exclusivamente de peces vivos, como boquerones y sardinas jóvenes.
Los mejores lugares para observar a los charranes en la costa granadina incluyen el Puerto de Motril y la Azucarera del Guadalfeo, que sirven como 'hoteles' de descanso. La desembocadura del Guadalfeo es una zona clave para la alimentación, especialmente en los meses más fríos, mientras que Cabo Sacratif es ideal para el avistamiento durante los pasos migratorios. Los Acantilados de Calahonda-Castell y Cerro Gordo también ofrecen oportunidades para verlos pescando en aguas abiertas.
Sin embargo, el futuro de estas aves se ve amenazado por la sobrepesca, la alteración de su hábitat debido al desarrollo urbanístico y la agricultura, la contaminación por vertidos y plásticos, y el aumento del nivel del mar. Sus puestas, realizadas en agujeros en la arena, son particularmente vulnerables a depredadores y a la competencia de otras especies como la gaviota patiamarilla.




