La jornada comenzó con una Santa Misa en honor a San Isidro Labrador antes de que el cortejo romero se pusiera en marcha. La comitiva, encabezada por la imagen del santo en un carro tirado por bueyes, recorrió las calles de Almuñécar hasta adentrarse en la vega tropical de Torrecuevas, entre chirimoyos y cultivos subtropicales.
Esta romería, que se consolida año tras año como una de las celebraciones populares más multitudinarias de la primavera sexitana, tiene sus orígenes a finales de los años noventa. Fue entonces cuando la Hermandad de la Virgen Madre impulsó la llegada de una imagen de San Isidro a Torrecuevas.
La talla, obra del escultor sevillano Juan Antonio Blanco Ramos, fue bendecida por el entonces Arzobispo de Granada, Antonio Cañizares. Realizada en madera de cedro y de aproximadamente un metro de altura, la imagen guarda en su interior un pergamino con detalles sobre su creación y los nombres de sus artífices.
Tras la llegada a Caicillos, los participantes continuaron disfrutando de una jornada de convivencia en torno al patrón de los labradores, manteniendo viva una tradición que ya forma parte de la identidad agrícola y festiva de Almuñécar.




