La promesa de un futuro mejor y la superación del hambre llevaron a medio millar de agricultores de la Costa del Sol a embarcarse en una incierta 'aventura hawaiana' a principios del siglo pasado. Tentados por salarios de 24 dólares y promesas de vivienda y escolarización para sus hijos, muchos dejaron atrás las penurias del campo español, caracterizado por el atraso agrario y las condiciones de subsistencia.
La prohibición del Gobierno español a finales de 1907 para reclutar emigrantes y la propaganda de agencias de emigración, tras los abusos detectados en la embarcación Heliópolis, no detuvo el éxodo. Entre 1911 y 1913, cinco barcos zarparon desde Gibraltar, nutriéndose de mano de obra del litoral occidental malagueño. Se buscaban hombres de 17 a 45 años y mujeres menores de 40, ofreciéndoles billete gratuito, escolarización y una vivienda con parcela.
Los nuevos propietarios del archipiélago polinesio, tras la anexión por los Estados Unidos, buscaban reemplazar a los trabajadores asiáticos por emigrantes europeos. Según James Fernández, profesor de Literatura y Cultura Españolas en la Universidad de Nueva York y autor de Invisible Immigrants, se pretendía 'blanquear y estabilizar la mano de obra' con familias 'blancas' conocedoras del cultivo de la caña de azúcar.
La travesía, que abarcaba 16.800 millas marinas desde Gibraltar hasta el Pacífico, estuvo marcada por condiciones insalubres y sufrimiento. Francisco Medina, director jubilado de instituto de Estepona, relata que 'eran tratados como esclavos', transportados en barcos de carga con familias separadas y alta posibilidad de infecciones. Durante el viaje del carguero Orteric, se registraron catorce nacimientos y la muerte de cincuenta y siete niños por diversas enfermedades.
Las promesas iniciales se desvanecieron al llegar a destino. El salario de 24 dólares era por familia, y la propiedad de la vivienda y la parcela dependía de los rendimientos y la conducta. El cónsul español en Hawái, Ignacio de Arana, constató que el sueldo apenas cubría los gastos familiares, viviendo muchos en la miseria y endeudados con las plantaciones. La Gran Depresión de 1929 permitió a algunas familias ahorrar y comprar tierras en California.
La historia de la emigración española a Hawái y posteriormente a California es compleja. Steve Alonzo ha contabilizado 7.703 españoles de 583 pueblos, siendo Estepona el municipio que más aportó (271), seguido de Manilva (113) y Marbella (104). Descendientes como Manuel Sánchez y Joaquín Gómez Velázquez buscan reconectar con sus raíces, enfrentándose a la dificultad de rastrear familiares en EE.UU. debido a los cambios de apellidos.
El legado de esta emigración perdura en las familias que buscan conocer su historia. Medina destaca la naturaleza 'endogámica' de los matrimonios entre esteponeros en Hawái y California. La búsqueda de raíces se apoya en herramientas como FamilySearch y el contacto a través de redes sociales, evidenciando la persistente conexión entre los emigrantes y su tierra natal.




