Amaia Montero reapareció en el escenario de Marenostrum Fuengirola este sábado, marcando un emotivo regreso musical. Ante miles de asistentes, la artista interpretó éxitos que marcaron la banda sonora de una generación, demostrando valentía tras años difíciles y conectando con su público.
La noche estuvo impregnada de nostalgia, reviviendo momentos de adolescencias, primeros amores y veranos inolvidables. La gira "Tantas cosas que contar", que ya ha vendido más de 400.000 entradas, se nutre de esta conexión emocional con los recuerdos compartidos.
“"¡Muchísimas felicidades! ¡El Málaga, a Primera! Yo soy futbolera y me alegro un montón. Vamos a celebrar esto y la subida del Málaga."
Durante el concierto, Montero felicitó efusivamente al Málaga CF por su reciente ascenso a Primera División, un guiño que fue recibido con una ovación cerrada por parte del público, que vivió una doble celebración. La artista expresó su alegría por el logro deportivo, identificándose como aficionada al fútbol.
El recital se convirtió en una celebración de la memoria, un viaje sentimental para los asistentes, muchos de ellos treintañeros y cuarentones, que cantaron al unísono himnos como "Inmortal" y "Nadie como tú". Montero interactuó con la audiencia, invitándola a participar activamente, convirtiendo el concierto en una "fiesta" y no solo en una actuación.
El repertorio incluyó temas de discos clave como "El viaje de Copperpot" y "Lo que te conté mientras te hacías la dormida", así como nuevas composiciones. Canciones como "Deseos de cosas imposibles", "Pop", "Sin tu luna", "París" y "Cuéntame al oído" resonaron en el recinto, manteniendo la energía alta.
Momentos más íntimos se vivieron con la interpretación de temas recientes, algunos presentados por primera vez. La artista se sentó en el suelo para una balada y compartió escenario con los guitarristas, creando una atmósfera cercana. El público respondió con silencio respetuoso y, en ocasiones, con comentarios sobre la acústica.
El concierto culminó con "La playa", "El 28", "Soledad", "Rosas", "Puedes contar conmigo" y "Muñeca de trapo", donde la energía colectiva alcanzó su punto álgido. A pesar de pequeños titubeos propios del directo, la voz de Montero y la conexión emocional con las canciones sostuvieron la velada, priorizando la emoción sobre la perfección técnica.
Tras casi dos horas de actuación, la banda abandonó el escenario sin bises, dejando al público pidiendo más. El regreso de Amaia Montero se consolidó como una celebración del poder de la memoria y la música, demostrando que las mejores canciones, como los recuerdos, nunca dejan de sonar.




