El virus Shamonda ya ha afectado a explotaciones de vacuno en la provincia de Córdoba y persistirá mientras los culicoides, pequeños insectos transmisores, mantengan su actividad. En el vacuno de leche, el principal efecto es una caída de la producción que puede alcanzar hasta el 30% durante varios días.
Tras la confirmación de casos por parte del Ministerio de Agricultura, catedráticos de Sanidad Animal de la Universidad de Córdoba (UCO), Antonio Arenas e Ignacio García Bocanegra, han explicado que las vacas afectadas sufren un "parón durante unos días", con una reducción de leche del 20% al 30%. La intensidad y duración dependen de la dosis de virus recibida.
Ambos catedráticos han señalado que el descenso de la producción láctea es la principal consecuencia económica, más que la muerte de los animales. La enfermedad se transmite por la picadura de culicoides, y se han registrado focos en países europeos como Francia y Alemania. Aún no se ha determinado cómo llegó a España, barajándose el movimiento de animales infectados o de los propios insectos.
El contagio no es directo entre animales, sino que el insecto pica a un animal infectado y luego transmite el virus a otro sano. Los primeros síntomas pueden incluir fiebre, problemas respiratorios o digestivos, apatía y decaimiento. También se han descrito problemas reproductivos como abortos y malformaciones fetales, aunque no todos los animales desarrollan la enfermedad con la misma intensidad. En otros países se han detectado signos neurológicos en caballos, pero no en España.
Los veterinarios han asegurado que el virus no representa ningún riesgo para la salud humana, ya que no es una zoonosis. Comparte vector con enfermedades conocidas por los ganaderos como la lengua azul y la enfermedad hemorrágica epizoótica, y es similar al virus de Schmallenberg.
No existe vacuna ni tratamiento específico. La estrategia se centra en el control de los insectos y la reducción del contacto con el ganado. Se recomienda extremar precauciones al amanecer y al atardecer, horas de mayor actividad de los culicoides, manteniendo a los animales en naves desinsectadas si es posible. El ganado estabulado presenta menor riesgo que en explotaciones extensivas.
La bajada de temperaturas a finales de otoño reduce la actividad de los culicoides, frenando la transmisión. Se espera que sigan apareciendo casos, pero los animales que superan la infección desarrollan anticuerpos, protegiéndolos de futuros contagios y resultando en olas más pequeñas al año siguiente.




