El uso de estas prendas, caracterizadas por sus ricos bordados en hilo de oro y lentejuelas sobre terciopelo, busca resaltar la realeza de las imágenes sagradas. La tendencia comenzó con la hermandad de Jesús del Calvario, que fue pionera al adaptar un caftán de finales del siglo XVIII, adquirido por devotos en un anticuario y donado a la corporación en 2014.
La técnica de bordado otomano se distingue de la europea por sus motivos vegetales, florales y geométricos, realizados con hilos de oro sobre telas de gran valor. Según expertos en la materia, estas piezas eran símbolos de estatus en la corte del sultán y entre la aristocracia oriental, lo que aporta un valor histórico y artístico singular a las procesiones cordobesas.
“"Era un símbolo de estatus usado por la corte del sultán, la aristocracia y las familias adineradas. Estaban bordadas con la técnica que nosotros conocemos como bordados de cartulina o hilo tendido con motivos florales, hojas, rosas y patrones geométricos."
En los últimos años, otras hermandades como la de la O, el Amor y la cofradía del Perdón han seguido este camino. En el caso del Señor del Silencio, se ha optado por reinterpretar el diseño original, trasladando los bordados antiguos a un nuevo soporte de tisú de oro, una labor realizada por talleres locales para preservar la integridad de las piezas históricas.




