El proyecto, impulsado por la Junta de Andalucía, tiene como objetivos principales garantizar la estabilidad estructural del retablo, detener los procesos de deterioro activo y restaurar su unidad visual y estética. Se prevé una documentación exhaustiva de todas las intervenciones, asegurando la reversibilidad y compatibilidad de los materiales utilizados, así como la mejora de las condiciones de conservación preventiva mediante protocolos de control ambiental y mantenimiento especializado.
La reintegración de los dorados se realizará con la técnica de rigattino, empleando pigmentos metálicos que permitan diferenciar las adiciones del original, respetando así la historicidad de la obra. Se estima que los trabajos tendrán una duración aproximada de cinco meses, abarcando desde el desmontaje y embalaje hasta la consolidación estructural, el tratamiento de superficies y el reensamblaje final.
El análisis técnico previo ha revelado que el deterioro del conjunto se debe principalmente al envejecimiento natural de los materiales. Sin embargo, se han identificado daños específicos causados por un incendio ocurrido en agosto del año anterior y el posterior colapso parcial de la bóveda, que provocaron el desprendimiento de elementos que fueron recuperados durante las labores de emergencia.
Las patologías detectadas incluyen rozamientos, golpes, alabeos, desensambles, inestabilidad en uniones, piezas sueltas, grietas y corrosión en elementos metálicos de la estructura y las esculturas. La superficie dorada presenta suciedad generalizada, desprendimientos, exfoliaciones, barnices oxidados y desgastes. Aunque no se han encontrado patologías biológicas activas, sí se hallaron restos de antiguas infestaciones tratadas tras el incendio. Los elementos pictóricos y escultóricos muestran suciedad superficial y pérdidas puntuales de policromías, y se ha detectado la incidencia de radiación solar a través de vidrieras dañadas, causando fluctuaciones lumínicas y térmicas.
La Mezquita-Catedral de Córdoba, declarada Monumento Nacional en 1882 y Bien de Interés Cultural (BIC), forma parte de la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco. El retablo, como elemento intrínseco del inmueble, está protegido por la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía y el Código Civil, requiriendo autorización para cualquier intervención.




