La palabra 'histórico', que debería reservarse para acontecimientos de trascendencia duradera, se aplica hoy con ligereza a cualquier suceso que genere un impacto momentáneo o una gran afluencia de público. Esta tendencia se observa en diversos ámbitos, donde eventos como una corrida de toros con trofeos o un concierto multitudinario son rápidamente etiquetados como 'históricos'.
Incluso las manifestaciones de religiosidad, como las procesiones, que conmemoran aniversarios específicos o la entrega de tallas, son calificadas de esta manera, al igual que los partidos de fútbol que antes eran considerados 'clásicos' y ahora son elevados a la categoría de 'históricos'. Esta inflación del término diluye su capacidad para destacar verdaderos hitos.
La Historia y, en consecuencia, lo histórico, no es exactamente eso que hoy se pregona. Se ha tomado el epíteto de forma grosera para indicar la importancia que se le da a un hecho.
La proliferación de eventos que se autoproclaman 'históricos' contrasta con la verdadera esencia de la Historia, que implica una perspectiva temporal más amplia y un impacto significativo en el devenir de los acontecimientos. Esta distorsión del lenguaje también se manifiesta en expresiones políticas como 'estar en el lado correcto de la Historia', utilizada para justificar posturas ideológicas y descalificar a los oponentes.
La reflexión sobre el uso de este término invita a considerar si un régimen autoritario, que suprime las libertades y los derechos humanos, puede realmente situarse en el 'lado correcto de la Historia', independientemente de su poder económico o militar. La precisión en el lenguaje es crucial para mantener la integridad del discurso público y el valor de conceptos fundamentales.




