La experiencia de Alexandre Rivas con Cáritas Diocesana de Córdoba ilustra cómo la organización va más allá de la asistencia material, ofreciendo un acompañamiento que reconstruye vidas. Rivas, que llegó a la entidad en mayo de 2014 en una situación de sinhogarismo, encontró en la casa de acogida Madre del Redentor no solo un techo, sino una familia que le permitió rehacer su vida por completo.
Tras superar sus dificultades, Rivas no solo ha recuperado lazos familiares, sino que se ha integrado en la orden franciscana, llevando consigo la cruz de San Francisco. Su testimonio, compartido durante la campaña del Corpus Christi, destaca la importancia de la comunidad y el amor recibido: "Ahora tengo una vida mejor" que la de antes, afirma, refiriéndose a su nueva "familia franciscana, la de Cáritas y la mía, que la ha recuperado".
“"Nadie está en la calle por voluntad propia, y los que están se dan cuenta de que no los miran o los miran con indiferencia. No dejan de ser personas y no les hacemos caso."
Rivas hace un llamamiento a la empatía y a la reflexión, invitando a quienes piensan que las personas sin hogar lo están por elección propia o error a pasar tiempo en una casa de acogida. Subraya que las instituciones y organizaciones como Cáritas, aunque realizan una labor fundamental, no pueden llegar a todas las personas que necesitan apoyo.
“"Las instituciones pueden hacer muchas cosas, igual que Cáritas Diocesana, pero por desgracia no pueden llegar a todo el mundo."
En la misma línea, el delegado episcopal en Cáritas, Antonio Javier Reyes, ha resaltado cómo muchos testimonios reflejan que quienes buscan ayuda material encuentran "una familia donde se sienten queridos". El sacerdote concluye con una invitación a "elegir amar, a ser comunidad y al mirar al otro con misericordia", animando a no desconfiar ni encerrarse en las propias preocupaciones.




