Esta costumbre, que permite vislumbrar la forma de la cruz a través de una tela traslúcida, tiene sus raíces en una tradición de la Iglesia que se perdió en gran medida tras el Concilio Vaticano II. Hasta la segunda mitad del siglo XX, no solo las cruces, sino también las imágenes religiosas, se cubrían con velos.
La práctica se iniciaba al final de la Cuaresma, específicamente desde el Domingo de Pasión, el quinto y último de este periodo litúrgico. A partir de entonces, las representaciones de Jesús, la Virgen y los santos permanecían veladas.
“"Era una forma de conseguir que la atención de los fieles estuviese sólo en los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesús."
Antiguamente, era obligatorio en todas las iglesias realizar este velado a partir del Domingo de Pasión, utilizando un velo morado o rojo. Con el tiempo, la obligatoriedad se flexibilizó, y la costumbre se fue perdiendo en muchos lugares. Sin embargo, en Córdoba, hermandades como la de la Misericordia y la del Prendimiento, así como la prohermandad de la Bondad, han decidido recuperarla.
Esta tradición, que se mantiene en diversos puntos del cristianismo, ofrece una manera solemne y simbólica de comprender la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Las imágenes permanecían cubiertas hasta el momento de la resurrección, aunque el Viernes Santo se descubría una de ellas durante los Oficios para la adoración del Cristo Crucificado.




