La provincia de Córdoba se encuentra al finalizar el verano con sus reservas de agua en los embalses cercanas al 80% de su capacidad total. Este nivel hídrico no se registraba desde hacía más de una década, marcando un contraste significativo con los años de sequía.
Las abundantes lluvias de la pasada primavera, junto con las precipitaciones de años anteriores, han contribuido a mantener la humedad en el campo. Esto ha reducido la necesidad de riego para los cultivos estivales y ha permitido que las escorrentías sigan rellenando acuíferos y pozos, disminuyendo la dependencia de desembalses.
Si bien la situación general es positiva, existen matices entre los diferentes embalses. Por ejemplo, el pantano de San Rafael de Navallana, cuya función principal es garantizar el regadío, se encuentra al 52% de su capacidad. Sin embargo, los grandes embalses de la provincia, como Iznájar y La Breña II, superan el 80%.
Esta mejora en la reserva de agua permite afrontar el final de la temporada de riego y la proximidad del otoño con mayor tranquilidad, revirtiendo la tendencia de los años más duros de sequía.




