España se sitúa entre los países con mayor esperanza de vida a nivel mundial. Sin embargo, el enfoque actual se centra en cómo mejorar la calidad de vida durante esos años adicionales, promoviendo la autonomía y el bienestar. Esta perspectiva es defendida por Griselda Herrero Martín, profesora del Área de Nutrición y Bromatología de la Universidad Pablo de Olavide y directora del curso ‘Alimentación, movimiento y bienestar: claves para un envejecimiento saludable’, celebrado en Carmona.
Herrero Martín enfatiza que, si bien la genética juega un papel, factores modificables como la alimentación, la actividad física, el descanso y las relaciones sociales son cruciales para un envejecimiento saludable. "Nunca es demasiado tarde —ni demasiado pronto— para empezar a cuidarse", afirmó, subrayando que las decisiones diarias tienen un impacto significativo en cómo envejecemos.
La especialista señala que conceptos como la inflamación crónica, la microbiota y el estrés oxidativo, aunque parte del funcionamiento normal del organismo, pueden acelerar enfermedades asociadas al envejecimiento si se mantienen de forma continuada. Comprender estos procesos ayuda a entender la eficacia del estilo de vida en la preservación de la salud.
La alimentación es fundamental, no solo para el peso, sino también para la masa muscular, la salud cardiovascular, la memoria, el sistema inmunitario y la autonomía. "Comer bien no garantiza un envejecimiento saludable por sí mismo, pero sí aumenta las probabilidades de conseguirlo", comparó Herrero.
La relación con la comida también evoluciona con la edad, influenciada por la jubilación, la soledad o cambios emocionales. Herrero Martín destaca la importancia de las emociones en la alimentación, señalando que comemos por estrés, aburrimiento o celebración, no solo por hambre. Identificar estas situaciones promueve una relación más saludable con la comida.
El bienestar emocional, las relaciones sociales, el descanso y la actividad física son pilares del envejecimiento saludable. "Envejecer bien no es solo cuestión de años, sino también de bienestar emocional y social", concluyó.
Combatir el sedentarismo es otro desafío clave, ya que la disminución de la actividad física aumenta el riesgo de sarcopenia, la pérdida de masa muscular que dificulta tareas cotidianas. El descanso de calidad también es vital para la memoria, el sistema inmunitario y el estado de ánimo.
Respecto a los suplementos nutricionales, Herrero advierte sobre la necesidad de prudencia y de indicación profesional, ya que no sustituyen una dieta equilibrada. El reto es saber quién los necesita y cuáles tienen evidencia científica.
Finalmente, se aborda la imagen social del envejecimiento, criticando los estereotipos que asocian la vejez con pérdida de capacidad. "El problema no es envejecer, sino los prejuicios que siguen rodeando esta etapa de la vida", afirmó. Aceptar los cambios corporales con respeto y cuidado es fundamental para el bienestar.
El curso ofrecido por la Universidad Pablo de Olavide analiza estos factores desde un enfoque multidisciplinar, buscando contribuir a un envejecimiento más activo y saludable.




