El cartel de la Feria Real de Algeciras 2026, obra de la artista Marga Guinea, se ha convertido en un fenómeno viral tras su presentación. La obra, un collage realizado sin herramientas digitales, presenta una flamenca con un traje rojo y flores en el cabello, pero el detalle que ha encendido las redes sociales y generado un intenso debate son unas gafas de pasta negra en el rostro de la figura.
Guinea, de 60 años, madrileña de nacimiento y algecireña de alma, explicó en su estudio que la inclusión de las gafas es una reivindicación personal. De joven, al vestirse de flamenca, su madre le decía que se las quitara porque "quedan muy mal", a pesar de ser miope. "¿Por qué no pueden llevar gafas?", se preguntó la artista, convirtiendo este detalle en un guiño a su propia infancia y a todas las mujeres que se han sentido limitadas por convenciones.
La obra, que incluye elementos icónicos de Algeciras como la noria, la iglesia de La Palma, las ranas de la fuente de la Plaza Alta y gaviotas, fue creada a partir de revistas donadas y materiales reciclados, reflejando la filosofía de vida y trabajo de Guinea. El rostro de la flamenca es una referencia a la Chiquita Piconera, musa de Julio Romero de Torres.
La presentación oficial del cartel estuvo marcada por una peripecia institucional. Inicialmente aplazada por el alcalde, José Ignacio Landaluce, quien no había visto la obra, la concejala de Feria y Fiestas, Juana Cid, sugirió a Guinea retirar las gafas. La artista se negó, defendiendo su obra y su libertad creativa, y afirmando que le "encanta el jaleo".
Guinea, que lleva unos veinte años dedicada al collage manual, considera esta técnica "el niño pobre de la pintura", a menudo infravalorada. Su estudio, La Sala 23, es un reflejo de su arte, lleno de objetos rescatados y transformados. La artista lamenta que la polémica haya afectado más a su hija que a ella misma, pero defiende que "el arte es una expresión para embellecer" y que la diversidad de gustos hace el mundo "menos aburrido".
La expresión seria de la flamenca, que también ha sido objeto de comentarios, es explicada por Guinea como un momento de descanso tras bailar, una representación realista de que "no siempre estamos divinas de la muerte". La artista lamenta haberse olvidado de añadir un refresco en la mano de la figura.




