El grupo tailandés proyecta alcanzar casi 1.700 millones de euros en ebitda para 2028, partiendo de un 2025 que la dirección considera de "reinicio" debido a la sobrecapacidad en el mercado químico global. Este crecimiento se buscará de manera autónoma, sin depender de una recuperación del mercado estancado.
Para lograr esta meta, la compañía ha delineado cinco líneas estratégicas clave: la reducción de costes estructurales, la excelencia comercial y de fabricación, la optimización de su cartera de productos, una mayor disciplina en la gestión de inventarios y una administración rigurosa del efectivo y el capital. Estas acciones se enmarcan en el plan estratégico IVL 2.0, presentado en marzo.
“"Estamos construyendo una empresa más ágil, más eficiente y más rentable, definida por una cultura de rendimiento que perdurará más allá de cualquier individuo y aportará valor sostenido a nuestros accionistas."
Un pilar fundamental de esta transformación es la implementación de un modelo de ejecución de ventas y operaciones (S&OE), diseñado para mejorar la agilidad operativa y la eficiencia del capital. Este sistema permite a la empresa adaptarse en tiempo real a la volatilidad del mercado, optimizando la rotación de inventario y alineando la producción con la demanda para reducir la exposición a fluctuaciones de precios y liberar flujo de caja.
La compañía también busca reducir su apalancamiento, con el objetivo de que la deuda neta en relación con el ebitda se sitúe por debajo de 3,0 veces para 2028, al mismo tiempo que se fortalece la calidad de los beneficios y la generación de flujo de caja libre. La dirección de la empresa destacó sus ventajas competitivas, como la integración basada en el esquisto en Estados Unidos y un modelo integral que abarca desde las materias primas hasta el producto final.




