La madera de los asientos de aquella camioneta, apodada 'la parrala', conservaba un inconfundible olor a cuartel. Este vehículo, que realizaba trayectos los fines de semana entre Almería y Viator, transportaba a jóvenes soldados que buscaban unas horas de libertad tras una semana en el campamento Álvarez de Sotomayor.
Los soldados, fácilmente identificables por su forma de hablar y su melancolía al hablar con sus novias, nunca pasaban desapercibidos. Su llegada a Almería, especialmente por el badén de La Rambla y la calle Murcia, inyectaba vitalidad a los negocios locales, desde bares hasta cines.
Autorizado en 1942 por el Ayuntamiento a don Ramón del Pino Álvarez, el servicio tenía condiciones estrictas: paradas breves para carga y descarga sin obstaculizar el tráfico. A lo largo de los años, 'la parrala' tuvo diversas paradas, encontrando en los años sesenta un lugar más idóneo en el badén de La Rambla.
Los domingos eran el gran día para 'la parrala'. Los soldados llegaban antes del mediodía, llenando las calles, bares y cines de la ciudad. Estos jóvenes militares dinamizaban la economía local, beneficiando a pequeños comercios y hasta al fútbol, que ofrecía entradas más económicas para ellos.
El color de los uniformes militares teñía los domingos de Almería. La sensación de soledad al anochecer se acentuaba al verlos correr de vuelta hacia la calle Murcia para coger el último autobús, que salía a las diez de la noche, asegurando su regreso al campamento antes del toque de retreta.
Muchos soldados hacían una última parada en el bar ‘El Comandante’ para disfrutar de sus bocadillos de tortilla de patatas antes de emprender el viaje de regreso a Viator, dejando la ciudad sumida de nuevo en la quietud de un domingo.




