La vendimia en la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles, que iniciará sus labores de recolección a finales de julio, se perfila con previsiones de mejora significativas respecto a la campaña anterior. Se espera que la producción actual sea entre un 60% y un 85% mayor que la del año pasado, cuando se registró la cosecha más baja de la historia de la zona.
La campaña de 2025 se vio gravemente afectada por el mildiu, un hongo que impactó negativamente en las vides, resultando en una producción mínima de poco más de 19 kilos de uva recolectados. Las primeras estimaciones para la cosecha actual, que se conocerán a finales de septiembre, sugieren que la producción podría rondar entre los 30 y 35 millones de euros, aunque estas cifras aún se sitúan por debajo de la media histórica de la zona, que oscila entre los 40 y 45 millones de kilos.
Las primeras variedades en ser cosechadas serán las blancas tempranas como Chardonnay, Verdejo y Moscatel, aunque la recolección del Pedro Ximénez (PX), la uva emblemática de la región, se espera para bien entrado agosto. Las previsiones meteorológicas y la aplicación anticipada de tratamientos fitosanitarios han contribuido a frenar la propagación del mildiu este año.
Representantes del Consejo Regulador y de Asaja coinciden en señalar una mejora respecto al año anterior, si bien Juan Manuel Centella, presidente de la Sectorial de la Viña de Asaja en Córdoba, se muestra más cauto, esperando producciones "decentes" dada la antigüedad de algunos viñedos y la superficie actual, que se mantiene por debajo de las 4.000 hectáreas.
La superficie de viñedo en Montilla-Moriles ha disminuido considerablemente desde las 20.000 hectáreas de las décadas de los 70 y 80, debido a la menor rentabilidad frente a otros cultivos como el olivar y el almendro. La pasada temporada, muchos agricultores optaron por arrancar viñedos afectados por el mildiu, aunque el ritmo de reducción de hectáreas es menor que en años anteriores.
El mercado actual presenta desafíos, tanto a nivel nacional como internacional, con un descenso general del consumo de vino y un entorno geopolítico convulso, según alertó el secretario general del Consejo Regulador, Enrique Garrido.




