La experta, que representa la tercera generación en una reconocida bodega jerezana, enfatiza la importancia de este vino como un contrapunto al ritmo frenético de la vida moderna. Su visión, enriquecida por una formación internacional y experiencia en el sector de la restauración, busca aportar frescura a la tradición vinícola de la región.
La profesional destaca que su conexión con la bodega es tanto laboral como emocional, siguiendo el legado familiar que comenzó con su abuelo y continuó con su padre. Esta trayectoria le ha permitido adquirir una perspectiva holística del sector, habiendo interactuado directamente con el cliente y observado el mundo del vino desde múltiples ángulos.
“"El jerez es tiempo, es paciencia, es un proceso incompatible con el mundo de hoy. Es pausa en un mundo que va demasiado acelerado. Ésa es mi revolución."
En cuanto a la comunicación del jerez, la experta aboga por una explicación clara y sin artificios, que permita comprender no solo el método de elaboración, sino también la historia y el origen de estos vinos. Considera fundamental que el público entienda la complejidad y tipicidad del jerez para apreciarlo plenamente.
Asimismo, subraya la necesidad de innovar en la presentación y cata de los vinos para mantener el interés del público. Propone experiencias creativas y sensoriales que sorprendan y enganchen, adaptándose a una sociedad que busca constantemente novedades. Respecto a la evolución del gusto, menciona cómo los finos y manzanillas han variado a lo largo de las décadas, aunque defiende que la esencia del jerez debe prevalecer.
Finalmente, la experta celebra la creciente visibilidad de las mujeres en el sector vinícola, reconociendo que en Jerez siempre han desempeñado roles importantes, aunque a menudo en segundo plano. Considera este mayor protagonismo como un desarrollo natural y saludable para la industria.




