La mejora de la movilidad urbana en Cádiz avanza a un ritmo desigual, afectando tanto al transporte público como a la infraestructura ciclista, elementos cruciales para el desarrollo de la Zona de Bajas Emisiones.
El Plan de Movilidad de 2013 ya señalaba la necesidad de carriles bici, cuyo uso apenas superaba el 1% en comunicaciones urbanas. Aunque la Junta ofreció financiación, el entonces Ayuntamiento del PP no cerró acuerdos. Posteriormente, bajo la gestión de José María González, se implementaron unos 20 kilómetros de rutas ciclistas. Actualmente, se considera esencial no solo el mantenimiento, sino también la ampliación de esta red.
Sin embargo, el funcionamiento del transporte de autobuses urbanos, que transporta entre 11 y 13 millones de pasajeros anualmente, presenta mayores incidencias. La ciudad acumula once años de estudios para una nueva adjudicación del servicio, y aunque se espera que el concurso se celebre en el presente mandato, la entrada en funcionamiento de nuevos vehículos es incierta.
Un porcentaje considerable de la flota de autobuses supera los 15 años de antigüedad, algunos llegando a las dos décadas. Esta vejez provoca frecuentes averías, afectando especialmente al servicio durante los días calurosos debido a fallos en el sistema de aire acondicionado.




