Ubicado en la calle Barrié, el local de 'El Millonario' permanece casi intacto desde su cierre hace dos años, conservando cientos de artículos que evocan su rica historia. Juguetes, disfraces, pelucas y objetos de broma cuelgan en su interior, como testigos silenciosos de un pasado vibrante que espera un nuevo capítulo.
Ramón Gómez Gallardo, la segunda generación al frente del negocio, aguarda con impaciencia la venta del local que su padre, Luis Gómez Ruso, inauguró en 1982. A pesar de estar jubilado, Gómez Gallardo aún se encuentra rodeado de los recuerdos de este emblemático espacio, un verdadero santuario de cachivaches y un rincón mágico del pasado siglo gaditano.
“"Mi padre era un vendedor de calle, donde había gente, allí iba."
La saga de 'El Millonario' se remonta a 1950, cuando Luis Gómez Ruso comenzó vendiendo caramelos y pipas desde un carrito en el barrio de La Viña. Su espíritu emprendedor y su habilidad para el comercio eran legendarios, como recuerda su hijo: “Vendía la Catedral si hacía falta”.
El padre de Ramón, un auténtico buscavidas gaditano, elaboraba arropías en el patio de su casa y las ofrecía en su comercio ambulante, especialmente en la Plaza de Abastos. Con la llegada de las bolsas de plástico, Luis Gómez Ruso adaptó su negocio, vendiendo pipas envasadas al por mayor y personalizando sus propias bolsas con pequeños premios, demostrando una visión adelantada a su tiempo.
En 1972, Luis Gómez Ruso abrió su primer negocio formal, el Ultramarinos El Porvenir en la calle Compañía. Sin embargo, la familia pronto regresó a sus raíces, enfocándose en frutos secos y chucherías. Un encuentro fortuito con un marchante de artículos de broma de Llobregat transformó el negocio, introduciendo polvos picapica, minipetardos y tinta invisible, que rápidamente se hicieron populares.
El Carnaval de Cádiz se convirtió en un motor clave para 'El Millonario', que se especializó en disfraces y complementos para la fiesta gaditana. Este aprendizaje en el mundo de las bromas y los juguetes preparó a Ramón Gómez para hacerse cargo del segundo negocio familiar en la calle Barrié en 1982. Tras el fallecimiento de su padre en 1993, Ramón Gómez Gallardo consolidó su reputación como una figura destacada del comercio gaditano.




