Aquel primer domingo de junio de 1977, el equipo amarillo selló su salto a la élite tras una temporada en la que demostró su superioridad en la categoría de plata. El encuentro decisivo, disputado en el entonces denominado estadio Ramón Carranza, se saldó con una victoria por 2-0 frente al Tarrasa, desatando una euforia colectiva que se trasladó desde las gradas hasta las calles de la ciudad.
El conjunto gaditano, dirigido técnicamente por Enrique Mateos, logró el objetivo en la última jornada, asegurando su plaza como subcampeón de la competición con 46 puntos. Aquel triunfo no solo supuso un éxito deportivo inmediato, sino que marcó un punto de inflexión en la trayectoria de la entidad, abriendo una etapa de mayor competitividad en el fútbol español.
La alineación que protagonizó aquel encuentro histórico estuvo compuesta por Santamaría, Cenitagoya, Rosado, Barrachina, Ortega, Ibáñez, Carvallo, Villalba, Quino, Mané y Urruchurtu, con la participación adicional de Puig y Ramón Blanco. Los goles de Villalba y Ortega en la primera mitad fueron suficientes para certificar el ascenso.
Este acontecimiento fue el preludio de una historia marcada por la resiliencia. Aunque el equipo vivió años de altibajos tras el debut, el camino iniciado en 1977 permitió consolidar una estructura que, años más tarde, alcanzaría su mejor periodo histórico con nueve temporadas consecutivas en la máxima categoría a partir de la campaña 1984-85.




