El suelo de Almería conserva una secuencia geológica que ofrece una visión detallada de la antigua desecación del Mediterráneo. Un equipo científico ha examinado estas formaciones rocosas, identificando las evidencias físicas que documentan la transformación del mar desde un estado abierto hasta un entorno dominado por la sal y, finalmente, por sedimentos de origen continental.
Las capas más profundas de este registro geológico indican un punto de partida con un mar abierto, caracterizado por una abundante vida fósil y señales de una circulación hídrica normal. Este escenario sugiere un Mediterráneo conectado y estable, propicio para la vida marina sin restricciones.
Sin embargo, al avanzar en la secuencia, se observa un cambio progresivo. La diversidad de organismos marinos disminuye, dando paso a especies más resistentes. Esta transición, aunque gradual, apunta a un entorno cada vez más restringido, donde la renovación del agua se volvía menos eficiente.
El indicador más claro de este proceso es la aparición de capas de yeso. Este material se forma exclusivamente cuando la evaporación supera significativamente la entrada de agua. En Almería, la presencia recurrente de yeso en diferentes niveles sugiere que el Mediterráneo experimentó múltiples episodios de pérdida de agua, en lugar de un único evento catastrófico.
Entre estas capas salinas, la reaparición de restos de vida marina es un detalle crucial. Este hallazgo demuestra que el mar no desapareció de forma abrupta, sino que alternó fases de sequedad extrema con periodos de recuperación parcial de su volumen.
El patrón revelado por las rocas indica que el Mediterráneo entró en ciclos de sequedad intensa, seguidos por fases más húmedas que permitían una recuperación parcial del sistema. No fue un punto de no retorno inmediato, sino un equilibrio inestable. Cada ciclo dejó su huella, con mayor salinidad, menor circulación y un ecosistema adaptado a condiciones cada vez más adversas, lo que finalmente transformó el entorno por completo.
Los investigadores atribuyen este fenómeno a una combinación de factores. La tectónica jugó un papel fundamental al cerrar progresivamente las conexiones con el Atlántico, lo que redujo la entrada de agua y aumentó la vulnerabilidad a la evaporación. A este aislamiento se sumaron fases climáticas más secas y descensos del nivel del mar, creando un escenario donde la evaporación superaba la entrada de agua, favoreciendo la acumulación de sales.
El registro geológico de Almería no es un caso aislado, sino que coincide con hallazgos en otras zonas del Mediterráneo occidental, confirmando que este proceso ocurrió de manera simultánea en diversas regiones. Además, los fósiles microscópicos y las señales magnéticas presentes en las rocas han permitido establecer una cronología precisa de la evolución de este episodio.
El estudio, titulado A new sedimentary record from the Tabernas Basin: Implications for the Messinian Salinity Crisis in the Western Mediterranean, fue elaborado por un equipo de investigadores de la Universidad de Barcelona y la Universidad de Alicante, como parte de sus investigaciones sobre la geología del Mediterráneo y la evolución de cuencas durante la Crisis de Salinidad del Mesiniense.




