La estructura, de 100 toneladas y fabricada por la Sociedad Española de Construcciones Babcock & Wilcox, ha pasado de ser un elemento funcional a un faro estético dentro del proyecto Puerto-Ciudad. Tras décadas de servicio en el muelle de Ribera 1, la grúa ha completado una minuciosa rehabilitación que culmina con un espectáculo de secuencias cromáticas y tecnología LED.
La Autoridad Portuaria encargó la actuación a Talleres Milán, una empresa almeriense con experiencia en desafíos de gran envergadura. Los trabajos no solo se centraron en recuperar su estética original, respetando su cabina de madera y su pluma de celosía, sino también en un complejo refuerzo estructural para transformarla en un mirador privilegiado.
“"El proceso ha sido “una pequeña odisea”."
Uno de los momentos más críticos fue el desplazamiento de la grúa sobre los raíles, una maniobra que requirió la intervención de especialistas debido a la masa de la maquinaria. Tras cinco meses de intensas labores, que incluyeron tratamientos anticorrosión y la sustitución de ventanas, la grúa se presenta como un balcón de hierro y madera suspendido sobre la bahía.
La pieza final de esta restauración patrimonial ha sido su iluminación. Instalada con gran precisión, la grúa brilla desde hace pocos días con una programación de colores que realza su silueta nocturna. Esta “Babcock & Wilcox” iluminada se une al tinglado y a la locomotora Deutz, formando un museo vivo a pie de muelle y devolviendo a los ciudadanos un pedazo de su historia convertido en reclamo turístico.



