Durante casi dos décadas, Jesús Ramón ha sido una presencia constante en la esquina de La Salle con la Avenida Federico García Lorca en Almería. Ha trabajado en diferentes modelos de quioscos, siempre con la convicción de que su oficio es dignificante.
Afiliado a la ONCE desde bebé tras sufrir un infarto cerebral, Jesús Ramón reconoce que la organización le brindó una oportunidad laboral que difícilmente habría encontrado en otro lugar. Esta gratitud se refleja en su trato diario con los clientes, a quienes atiende con una sonrisa y la esperanza de entregarles un premio que cambie sus vidas.
Se considera una figura esencial en el barrio, comparándose en broma con Bisbal, pero sin cantar. "Me conoce media Almería", afirma. Su cercanía va más allá de la venta de cupones; ha ayudado a vecinos mayores con recados y ha sido testigo del crecimiento de las familias del barrio.
A lo largo de su carrera, ha entregado numerosos premios, incluyendo uno de dos millones y medio de euros hace unos siete años. Recuerda especialmente a un cliente que, afectado por la crisis, recibió 35.000 euros, lo que le permitió "llenar la nevera en casa".
Su padre, fallecido hace cinco años, fue un pilar fundamental, ayudándole incluso después de jubilarse y colocándole una sombrilla para protegerle del sol. Jesús Ramón señala la necesidad de mejorar las condiciones de trabajo, como la instalación de toldos o aire acondicionado en los quioscos para combatir las altas temperaturas, recordando un golpe de calor sufrido años atrás.
A pesar de la creciente normalización de la discapacidad, García reconoce que aún percibe algún rechazo ocasional, sintiendo que las opciones laborales para personas con discapacidad se limitan a su oficio o a puestos del Estado.




