Para la UD Almería, el salto a Primera División ha trascendido la mera ambición deportiva, convirtiéndose en una exigencia fundamental para la viabilidad de su proyecto. Permanecer en Segunda División no solo debilita la narrativa del club, sino que también disminuye el interés y pone a prueba la paciencia de sus propietarios extranjeros, quienes conciben el fútbol como un activo global y no como una mera resistencia local. La falta de visibilidad y crecimiento en la categoría de plata juega en contra de sus aspiraciones.
El ascenso a la élite multiplica significativamente los ingresos del club, consolidando su modelo financiero. Los derechos televisivos, los patrocinios, el valor de los jugadores y el atractivo comercial experimentan un crecimiento exponencial en Primera División. En esta categoría, el Almería se vuelve rentable, visible y deseable, mientras que fuera de ella, el margen de error se reduce y el proyecto pierde solidez financiera. La diferencia no radica en un matiz, sino en la escala, siendo la presencia en LaLiga un objetivo primordial para la actual propiedad, que ha contado con presidentes de gran ambición como Al-Khereiji, quien busca el ascenso para impulsar el club y acometer grandes infraestructuras.
Estar entre los grandes del fútbol español asegura que el club permanezca en el foco económico, deportivo y social, tanto en Arabia Saudí como en España. La Primera División confiere impacto mediático, prestigio institucional y un retorno de imagen crucial para el inversor. Por el contrario, la Segunda División implica anonimato y el riesgo de desconexión en un entorno futbolístico que avanza sin esperar a nadie. En este contexto, la inacción equivale a un retroceso. Otra temporada en Segunda podría agotar a los actuales propietarios y alejar a los inversores necesarios para las ambiciosas obras planificadas. La implicación de Al-Khereiji en la recta final de la temporada no es una casualidad.
El ascenso no es solo un premio deportivo, sino un multiplicador de ingresos que garantiza la sostenibilidad del proyecto. Las ventas de jugadores generarán mayores beneficios y el patrimonio en futbolistas se disparará con el regreso a LaLiga. Las diferencias en los ingresos televisivos entre ambas categorías son abismales. Cuando el presidente habla de un ascenso directo, lo hace con pleno conocimiento de la proyección que su gran inversión puede alcanzar.
La élite conecta al Almería con fondos, socios y marcas que solo se interesan por clubes visibles y competitivos en la máxima categoría. La vinculación estratégica con figuras como Cristiano Ronaldo ha incrementado el foco y el valor de la entidad, que, a pesar de estar en Segunda deportivamente, compite a nivel social con equipos de LaLiga. Se han dado los pasos necesarios para devolver al Almería a Primera, y tras el intento fallido de la temporada pasada, la presión por lograrlo es máxima.
Sin Primera División, el proyecto pierde impacto en Arabia Saudí; con ella, el club se convierte en un activo de imagen, influencia y negocio. Existe un considerable patrimonio en futbolistas que podría reinvertirse para conformar una plantilla aún más competitiva, lo que a su vez aumentaría el atractivo para los inversores que el club busca. En Primera, el estadio podría haber vendido su nombre y aumentar los ingresos, algo que no fue posible en Segunda. Los inversores cercanos a Al-Khereiji y Cristiano esperan el momento oportuno para apostar por el Almería.
En Primera, el Almería entra en la conversación nacional, obteniendo mayor repercusión social, interés mediático y peso institucional. Esto contrasta con la situación actual a nivel deportivo y social, ya que estar en LaLiga acerca al club a esas plazas europeas con las que soñaba Turki Al-Sheikh y que aún no ha proclamado Mohammed Al-Khereiji. Es fundamental mantener contentos a los dirigentes, y esto solo puede lograrse con resultados en el campo. Aunque Rubi no los presiona directamente, es consciente del impacto que generan los mensajes de la nueva propiedad respecto al ascenso rápido a Primera División.




