Hasta mediados de julio, se han interceptado 1.698 personas en Almería, procedentes mayoritariamente de Argelia y Marruecos. Estos datos consolidan a la provincia como el punto más crítico de la península en la última década, concentrando el 90% de las entradas irregulares en Andalucía.
En los últimos diez años, casi 60.000 inmigrantes han alcanzado la costa almeriense a bordo de diversas embarcaciones. Los informes de la Dirección General de la Policía Nacional sitúan a Almería como el epicentro de la crisis migratoria peninsular, con una media diaria de 16 llegadas. La cifra acumulada para el periodo 2016-2026 se acerca a los 60.000, con las llegadas de las últimas semanas. El año récord fue 2018, con más de 12.000 personas.
La costa almeriense ha sido el tramo más afectado por las mafias del norte de África, que trafican con personas cobrando hasta 10.000 euros por cruce. La provincia ha recibido más del 90% de la inmigración irregular andaluza, triplicando los registros de otras provincias. Aunque Canarias y Baleares han tenido mayor volumen de entradas a nivel nacional, Almería lidera el ranking peninsular.
En el presente año, Murcia ha experimentado un crecimiento significativo, superando a Almería hasta mediados de julio con cerca de 2.000 inmigrantes frente a los 1.698 de la costa almeriense. Las mafias argelinas han mostrado mayor actividad en los últimos años, con desembarcos nocturnos y vespertinos, mientras que las marroquíes utilizan narcolanchas. Los meses de verano, de junio a septiembre, suelen ser los de mayor incidencia debido a la mejora climática.
Almería se ha convertido en un enclave geoestratégico para redes delictivas dedicadas al tráfico de hachís, la industria del petaqueo y el transporte de inmigrantes. Fuentes policiales señalan que muchos inmigrantes continúan su ruta hacia Francia, pagando hasta 300 euros por traslados clandestinos en coche hacia Valencia, Cataluña y el País Vasco.
Las narcolanchas de última generación, de hasta once metros y medio de eslora y motores potentes, alcanzan velocidades de 60 nudos y completan trayectos desde el Golfo de Orán o Nador en poco más de tres horas. Equipadas con radares, identifican patrulleras a 20-25 kilómetros. En verano, pueden realizar hasta cuatro viajes diarios, desbordando las capacidades de la Guardia Civil.
Las cifras oficiales no incluyen a quienes alcanzan tierra sin control ni a las víctimas mortales. Se han registrado episodios violentos a bordo, con fallecimientos y heridos durante los desembarcos. Las asociaciones de Guardia Civil y Policía reclaman más medios y plantillas ante el Gobierno para hacer frente a estas mafias con recursos ilimitados y tecnología avanzada.




