La ciudad de Lucena celebra estos días sus fiestas en honor a la Virgen de Araceli, una devoción profundamente arraigada entre sus habitantes. Sin embargo, este patronazgo, hoy firmemente establecido, fue en su momento el centro de una intensa disputa que se prolongó durante décadas.
En el siglo XVIII, una corriente significativa en Lucena abogaba por el patronazgo de San Jorge. En aquel entonces, Lucena era un dominio señorial bajo el control de la Casa de Medinaceli, cuyos duques ejercían sus privilegios con mano dura sobre la población. Esta situación llevó a varias familias lucentinas a buscar la emancipación del dominio feudal, aspirando a que la ciudad pasara a depender directamente de la Corona.
El conflicto, que se extendió por varias décadas, culminó con una resolución de la Real Chancillería de Granada a favor de quienes deseaban liberarse del yugo señorial. Esta pugna por la autonomía también se manifestó en el ámbito religioso, dividiendo a la población entre los partidarios de San Jorge, conocidos como sanjorgistas, y los defensores de Nuestra Señora de Araceli, los aracelitanos.
Incluso se intentó manipular la fecha de un evento histórico crucial para Lucena: la Batalla del Martín González, también conocida como Batalla de Lucena. La derrota de Boabdil a manos de los Fernández de Córdoba, ocurrida el 20 de abril de 1483, se quiso trasladar tres días después para hacerla coincidir con la festividad de San Jorge, atribuyendo al santo una influencia decisiva en la victoria cristiana. Esta controversia tuvo incluso repercusiones heráldicas, llevando a la inclusión de San Jorge en uno de los cuarteles del escudo de la ciudad.
Finalmente, el éxito de aquellos que lucharon por sacudirse el dominio señorial fue también el triunfo de los aracelitanos y del patronazgo de la Virgen de Araceli, cuya imagen es venerada estos días en la ciudad y el resto del año en la cumbre de la Sierra de Aras.




