La ciudad de Jaén conserva bajo su superficie los restos de su antigua Plaza Mayor, un espacio que fue epicentro de la vida social y cultural durante siglos. Este lugar, también denominado Plaza de la Corredera, desempeñó un papel crucial en la Edad Media, especialmente bajo el gobierno del Condestable Iranzo, según relatan expertos en historia local.
Durante su apogeo, la plaza no solo fue un punto de encuentro, sino también el escenario de eventos de gran impacto, como las ejecuciones llevadas a cabo por la Inquisición. Además, sirvió como plaza de toros, demostrando su versatilidad y centralidad en la vida pública de la época.
Actualmente, la extensión de esta plaza histórica se puede trazar imaginariamente entre tres puntos clave del centro de Jaén: la Plaza de la Constitución (conocida también como Plaza de las Palmeras), la Plaza Deán Mazas (donde se ubica el Palacio de los Vilches) y la Plaza del Pósito, que en su día albergó el granero municipal.
La configuración original de la Plaza Mayor se alteró significativamente en el siglo XX con la construcción del edificio de Hacienda, lo que llevó a su desaparición como espacio unificado. Sin embargo, aún es posible identificar vestigios de su pasado, como las arquerías que se integran en edificios modernos, incluyendo una residencia de mayores y la sede de la Real Sociedad Económica Amigos del País. Estos elementos, a menudo inadvertidos, son testigos silenciosos de la rica historia de Jaén.
Quien olvida su pasado está condenado a repetirlo.




