A sus 29 años, la malagueña ha logrado establecerse profesionalmente en un país lejano, superando los desafíos de un nuevo idioma, un sistema educativo distinto y la distancia familiar. Su trayectoria comenzó a los 26 años, cuando decidió dejar Málaga para buscar nuevas oportunidades en el extranjero.
“"Yo tenía muy claro que no me quería volver todavía."
Aunque Australia no fue su primera experiencia internacional, sí se convirtió en su destino definitivo. Tras una estancia previa en Irlanda, la necesidad de perfeccionar el inglés y la búsqueda de un estilo de vida más acorde a sus expectativas la llevaron al país oceánico, donde el clima y la calidad de vida fueron factores determinantes.
La adaptación, aunque rápida, presentó sus dificultades, especialmente en la búsqueda de empleo. A diferencia de otros jóvenes que optan por trabajos temporales, ella mantuvo firme su objetivo de ejercer su profesión. Tras un mes de intensos trámites y búsqueda activa, su esfuerzo dio frutos.
En el ámbito educativo, destaca la significativa diferencia en la ratio de alumnos. Mientras que con bebés no se puede trabajar con más de cuatro, y con niños de 3 a 5 años el máximo es de once por profesor, esta organización permite una atención más personalizada. El modelo pedagógico australiano se aleja de las fichas y libros, centrándose en la creatividad y en actividades diseñadas según los intereses de los niños, promoviendo su participación activa.
A pesar de los retos, como la falta de apoyo en casos de niños con necesidades especiales, la joven subraya el bienestar general que ha encontrado en Australia, destacando la economía, las oportunidades y la ausencia de estrés. No obstante, la nostalgia por Málaga, especialmente por su gente y la cercanía, sigue presente, y no descarta la posibilidad de regresar en el futuro.




