Esta variedad, casi extinta en el pasado, ha logrado perdurar a través de diversas épocas, incluyendo la plaga de la filoxera en el siglo XIX, que diezmó la mayoría de los viñedos españoles. La tintilla, cultivada en el litoral roteño, resistió gracias a las características arenosas del terreno, según explica José Carlos Ferris de Finca La Pintora.
A pesar de su cercanía genética con la variedad graciano, la tintilla presenta diferencias agronómicas y organolépticas significativas. Ferris subraya que, aunque genéticamente sean similares, su comportamiento en el campo y en la bodega es "completamente distinto", con hojas, uvas y rendimientos diferentes. La tintilla es una uva más pequeña, con una sola pepita, y su maduración puede ser irregular, lo que la hace más costosa y tediosa de producir.
“"Si hablas con un viticultor, la diferencia en el campo es enorme; y en la bodega te dirán que la diferencia organoléptica también lo es."
La decisión del Ministerio de Agricultura de diluir la tintilla en la graciano ha generado preocupación entre los productores y el Ayuntamiento de Rota. Temen que esta medida cause confusión en el consumidor y permita que vinos de graciano se vendan como tintilla, perjudicando económicamente a quienes se esfuerzan por mantener la autenticidad de la variedad roteña. Bodegas El Gato, en funcionamiento desde 1957, fue una de las primeras en demandar la reversión de esta decisión.
Ernesto Linares, de la enoteca Baco en Cádiz, destaca la popularidad de la tintilla entre los consumidores locales y visitantes, quienes buscan vinos auténticos y con arraigo territorial. Considera que la exclusión del registro oficial sería un perjuicio, especialmente en un momento en que el mercado valora cada vez más los productos singulares y con identidad propia. La tintilla, que tradicionalmente fue un vino dulce, ahora se elabora en diversas presentaciones, incluyendo tinto joven, crianza, rosado e incluso vermú.




