Un estudio elaborado por la plataforma Iniciativa Córdoba 2030, que analiza las cuestiones estructurales de la provincia, destaca que la hostelería en Córdoba no solo es abundante, sino que también es un sector propenso a la economía sumergida. Este fenómeno se atribuye a la falta de un tejido industrial robusto y a un sector primario que expulsa mano de obra, lo que empuja a muchos a buscar una salida en la hostelería debido a sus bajas barreras de entrada.
El informe señala que el sector servicios aporta el 50% del Producto Interior Bruto (PIB) provincial, una cifra que, según los impulsores del estudio, puede ser engañosa al incluir la administración pública y actividades financieras. Advierten que una economía que no produce bienes es dependiente, basándose en el consumo de lo que otros territorios fabrican y en la afluencia turística.
“"Una ciudad que no produce bienes es una ciudad dependiente: depende de lo que otros lugares fabriquen para consumir, de la riqueza de otros territorios y de que los turistas sigan viniendo a pesar de la competencia con otras ciudades, de la crisis y de las condiciones atmosféricas."
La economía sumergida en Córdoba alcanza los 3.000 millones de euros anuales, representando entre el 20% y el 28% de su PIB, liderando así los datos en Andalucía. El exceso de oferta hostelera genera una competencia feroz que impulsa a los negocios a comprimir costes, facilitando prácticas como empleados sin alta, compras sin factura y horarios no registrados.
Esta situación perjudica a los trabajadores, que ven sus derechos vulnerados y salarios estancados, así como a los empresarios, que obtienen beneficios mínimos. Además, degrada la calidad de la oferta y la imagen de la ciudad, afectando a largo plazo el servicio recibido por los clientes. La plataforma alerta sobre la dependencia económica de Córdoba de la hostelería y el turismo, un sector con estacionalidad, trabajos precarios y poca capacidad de arrastre para otros sectores.
El informe también aborda la "privatización" del espacio público debido a la proliferación de terrazas, un fenómeno que se ha extendido desde la ley antitabaco de 2006. A diferencia de otras grandes ciudades, la respuesta ciudadana en Córdoba ha sido débil, lo que ha permitido que esta tendencia se consolide, transformando lo que debería ser un espacio común en una extensión de los establecimientos hosteleros.




