El rico patrimonio histórico de Baena, especialmente el de la época íbera, continúa despertando gran interés. Esta localidad, parte de la Mancomunidad del Guadajoz y Campiña Este, fue un asentamiento estratégico para los íberos, quienes dejaron tras de sí numerosos vestigios.
Entre los hallazgos más destacados se encuentran una serie de esculturas zoomorfas, conocidas popularmente como las leonas de Baena. Estas piezas pueden admirarse en el Museo Histórico y Arqueológico de Baena, en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, o incluso en la Plaza Palacio de Baena, y son motivo de orgullo para los habitantes de la zona.
La abundancia de estas esculturas en la Campiña Cordobesa sugiere a los investigadores que las leonas pudieron haber sido un símbolo de identidad territorial para los íberos. José Antonio Morena, arqueólogo municipal y director del Museo de Baena, maneja esta hipótesis, además de considerar que podrían haber servido como elementos delimitadores en cruces de caminos o puntos visibles para marcar el dominio.
La riqueza arqueológica de Baena es notable, con un total de 26 piezas de escultura zoomorfa catalogadas, de las cuales 15 son leonas. Los principales yacimientos son el Cerro del Minguillar, con seis leonas, y el Cerro de Los Molinos, con tres. Además de las esculturas completas, se han encontrado fragmentos como garras y cabezas.
Este valioso patrimonio íbero se encuentra distribuido en varios lugares. El Museo Histórico Municipal de Baena alberga dos piezas enteras en excelente estado. En Jaén, el Museo Íbero también expone una de estas estatuas. Sin embargo, una de las más representativas y mejor conservadas de la provincia se halla en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
Los expertos atribuyen a estas leonas una función apotropaica, es decir, protectora. Sus fauces abiertas y garras amenazantes se interpretaban como un medio para ahuyentar malos espíritus y salvaguardar el alma de los difuntos. Estas esculturas solían coronar pilares-estela de unos dos metros de altura sobre las tumbas de la aristocracia íbera, indicando un alto estatus social.
Un detalle fascinante es que los íberos nunca vieron leones vivos. Las leonas esculpidas por los artesanos locales eran imitaciones de figuras de menor tamaño, generalmente de bronce o marfil, traídas por fenicios y griegos. Este hecho añade una capa más de peculiaridad y alimenta el interés por el pasado íbero de esta hermosa localidad cordobesa.




