Cada año, la celebración del Día del Libro el 23 de abril sirve como telón de fondo para reflexionar sobre la compleja realidad del sector editorial. En España y, particularmente en Andalucía, la situación presenta contrastes significativos, donde la percepción varía enormemente entre escritores, libreros, distribuidores y editores.
Recientemente, el XXVII Congreso de Libreros de CEGAL, la confederación que agrupa a gran parte de estos profesionales, reveló que la mitad de los libros en sus estanterías no vende ni un solo ejemplar. Además, solo un 5% de los títulos editados en España supera las cien ventas. A pesar de estas cifras, los libreros aún representan un pilar fundamental, vendiendo cuatro de cada diez libros que se adquieren en el país.
La facturación por venta de libros en 2024 alcanzó los 1.200 millones de euros a nivel nacional, de los cuales las librerías andaluzas contribuyen con aproximadamente 55 millones de euros. Esta cifra contrasta drásticamente con los 2.100 millones de euros facturados en 2014, un año en el que cerraron más de 900 librerías en toda España, evidenciando el impacto del auge de la venta en línea.
Según un estudio del Observatorio de la Fundación Unicaja de las Letras, en Andalucía se editaron 11.888 publicaciones el año pasado, el doble que hace una década. Esta prolífica producción, que incluye revistas universitarias, se traduce en unas 32 publicaciones diarias. Sin embargo, la comunidad cuenta con solo 386 librerías independientes, una ratio de 4,5 por cada cien mil habitantes, una de las más bajas del país.
“"Hay un elemento que me preocupa de cara a nuestro futuro. Vivimos en una sociedad que cada vez le cuesta más concentrarse, que tiene la atención demandada por un montón de dispositivos. Nosotros somos una industria que vendemos un producto que necesita un cliente crítico, que sea capaz de concentrarse."
La preocupación por el futuro del sector es palpable. El aumento de la edad media de los libreros tradicionales y la dificultad para encontrar relevo generacional son desafíos importantes. Un programa para conectar a libreros próximos a la jubilación con emprendedores solo tuvo éxito en 26 de más de cien casos a nivel nacional, lo que subraya la fragilidad de muchos de estos pequeños negocios familiares.
Los cierres de librerías se han vuelto una constante. En Sevilla, el verano de 2023 fue especialmente duro, con el cese de actividad de establecimientos con décadas de trayectoria. En la Provincia de Cádiz, se han observado diversas tendencias: desde el cierre por jubilación sin relevo, como en el caso de la librería Jaime, hasta la toma de las riendas por parte de clientes apasionados, como ocurrió con la librería Manuel de Falla. Otros modelos, como la librería malagueña María Zambrano, han optado por la expansión y el mantenimiento de puestos de trabajo.
Frente a este panorama, los libreros apuestan por una «economía de guerrilla», buscando nuevas fórmulas para atraer al público. Ejemplos de esta resistencia incluyen librerías que combinan la venta de libros con vinilos y ropa, clubes de lectura, cafés-librerías y espacios que organizan conciertos o talleres de escritura, demostrando la creatividad del sector para adaptarse a los nuevos tiempos.




