Esta significativa disminución, revelada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), se produce tras el grave accidente ferroviario ocurrido el 18 de enero en Adamuz, Córdoba. El suceso, que implicó el descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad, ha sido el más mortífero en España desde la tragedia de Santiago de Compostela en 2013.
El incidente en Adamuz, donde un servicio de Iryo con destino a Madrid descarriló y colisionó con un tren que se dirigía a Huelva, resultó en la muerte de 46 personas y cientos de heridos. Este evento no solo causó la suspensión temporal de algunas líneas, sino que también mantuvo otras cerradas por un periodo considerable, como la conexión entre Málaga y Madrid.
La confianza pública en la red ferroviaria también se vio afectada por otros accidentes de alto perfil que siguieron al de Adamuz, incluyendo un fatal siniestro en Cataluña. En este último, un conductor en prácticas falleció y cerca de 40 pasajeros resultaron heridos cuando un tren de cercanías R4 Rodalies descarriló entre Gelida y Sant Sadurní, cerca de Barcelona.
El tren catalán colisionó con un muro de contención que se derrumbó sobre la vía debido a las fuertes lluvias de la Tormenta Harry. Tras este descarrilamiento, el servicio en toda la red de Rodalies fue suspendido para inspeccionar las vías. Aunque el servicio se restableció parcialmente el 24 de enero, la red ha permanecido en un estado de desorganización, con persistentes preocupaciones sobre la seguridad. La sección afectada de la vía fue reabierta a principios de esta semana, después de más de dos meses de interrupción.




