Este enclave, que a primera vista podría evocar paisajes suizos por su arquitectura y las ocasionales nevadas, se encuentra en el corazón de la Sierra de Los Filabres. La atención de una publicación de la talla de National Geographic sobre un rincón tan particular del interior almeriense es un hecho notable, poniendo en el foco un lugar que, para muchos, había pasado desapercibido.
El reportaje, publicado recientemente en su sección de viajes, subraya la arquitectura del lugar, describiéndola como de estilo centroeuropeo. La ermita de Santa Bárbara, construida en 1911, es el elemento más distintivo, con su campanario de aguja roja y un diseño que contrasta marcadamente con la arquitectura tradicional andaluza. La revista sugiere que la construcción parece haber sido “trasladada ladrillo a ladrillo desde Europa Central”, lo que la convierte en una pieza arquitectónica excepcional en el patrimonio provincial.
“"La ermita de Santa Bárbara parece haber sido “trasladada ladrillo a ladrillo desde Europa central”."
Para la comarca del Almanzora, que enfrenta desafíos como la despoblación, este tipo de reconocimiento va más allá de una simple curiosidad turística. Representa una valiosa oportunidad para revitalizar y poner en valor un patrimonio arquitectónico y cultural que ha permanecido abandonado durante años.
El origen del poblado se remonta a finales del siglo XIX, cuando el subsuelo de los Filabres atrajo a grandes compañías mineras europeas, primero por el plomo y luego por el hierro de alta calidad a partir de 1885. Empresas belgas, británicas y holandesas se establecieron en la zona, construyendo un pueblo completo con todas las infraestructuras necesarias para sus trabajadores, incluyendo la ermita, pabellones, un hospital, economato, escuela y cine. Este asentamiento llegó a albergar a unas 2.000 personas en su época de mayor esplendor.
El estilo arquitectónico, con muros de carga de piedra, aristas de ladrillo visto, techos inclinados para la nieve, interiores con mármol blanco de Macael y calefacción central, refleja la influencia de sus constructores. Sin embargo, con el declive de la minería en 1968, el próspero pueblo fue abandonado y se deterioró, dejando sus peculiares edificios como testigos de un pasado glorioso.




