El estrecho de Ormuz, un punto estratégico para el comercio mundial, es responsable del tránsito de una parte considerable de recursos esenciales. Por esta vía pasa el 20% del petróleo global, el 30% del gas natural, una proporción similar de azufre (fundamental para la metalurgia y los fosfatos), fertilizantes nitrogenados, aluminio y helio.
Esta interrupción en la cadena de suministro tendrá repercusiones directas en sectores clave como el transporte, la agricultura y la minería. Los consumidores europeos podrían notar el impacto en productos como medicamentos, plásticos y alimentos, según las proyecciones de expertos en la materia.
“"No es que vayamos a ir a cero, pero vamos a tener un 20-30% menos de todo esto a nivel mundial. Quienes tenemos una moneda fuerte pillaremos más, así que se traducirá en un 10-15% menos a cambio de hambrunas y desesperación en otros lugares."
Aunque la escasez no se traduzca directamente en estantes vacíos en las naciones con economías más robustas, sí se espera un aumento considerable en los precios. La primera señal de esta disrupción ya se observa en las reservas de queroseno, lo que ha llevado a algunas aerolíneas a cancelar vuelos programados. Se anticipa que los recortes en el suministro de diésel serán el siguiente gran desafío.
Incluso si la situación en Ormuz se normalizara de inmediato, la recuperación del comercio global tardaría meses, agravada por el daño sufrido en algunas refinerías, lo que ha resultado en una pérdida permanente de aproximadamente el 3% de la producción. La Agencia Internacional de la Energía ya había advertido en septiembre sobre el tope de extracción de petróleo y gas en la mayoría de los puntos clave, una tendencia confirmada por el Departamento de Energía de Estados Unidos en enero.




