La gestión de las hermandades de Semana Santa: entre la tradición y la modernidad

Un análisis sobre los desafíos que enfrentan las cofradías para mantener sus lazos comunitarios frente a enfoques empresariales.

Imagen genérica de una vela de procesión de Semana Santa en Andalucía.
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Imagen genérica de una vela de procesión de Semana Santa en Andalucía.

La reciente Semana Santa ha reavivado el debate sobre la gestión de las hermandades, subrayando la necesidad de preservar los lazos comunitarios y la devoción frente a la aplicación de criterios puramente empresariales que pueden desvirtuar su esencia.

Tras una Semana Santa marcada por el buen tiempo y una notable afluencia de visitantes, incluyendo a numerosos amigos de Sevilla que eligen Jerez por su ambiente más accesible, surge una reflexión profunda sobre la naturaleza y el manejo de las hermandades. La celebración, que culminó con la Resurrección de Jesús, ha sido un éxito en términos de participación y disfrute, consolidando la saeta y la actividad de las peñas flamencas como pilares culturales.
Sin embargo, el autor advierte sobre los riesgos de aplicar lógicas empresariales a estas instituciones, que son, ante todo, tejidos vivos construidos sobre años de compromiso y devoción. La gestión de una hermandad no debería reducirse a un engranaje que se activa anualmente, sino a un organismo que nutre y cuida los vínculos entre sus miembros. La introducción de normas que, aunque lógicas desde una perspectiva logística, carecen de sentido en el contexto de una cofradía, puede generar rupturas y distanciamiento.

Si aplicamos políticas empresariales a entidades de este tipo y naturaleza cargada de historias, se puede dañar desde la sombra lo que luego brilla en la calle, porque agreden.

El papel del director de cofradía y del hermano mayor es crucial en este equilibrio. Se espera de ellos que cuiden los arraigos y escuchen a quienes han dedicado años a la hermandad, en lugar de desplazar la experiencia por afinidad. La ausencia de comunicación y la falta de consideración hacia los miembros más antiguos pueden convertir la desorientación en la norma, afectando la identidad de la corporación.
La frase “eso es lo que hay”, atribuida a algún miembro de la junta de gobierno, encapsula la problemática. No se trata de cuestionar a las personas elegidas, sino el criterio con el que se toman las decisiones. Cuando la experiencia es sustituida por la afinidad, la garantía se convierte en incertidumbre, y una hermandad corre el riesgo de volverse una organización impecable pero vacía. En una ciudad donde la Semana Santa es identidad y no solo espectáculo, tratar a los hermanos como mero público es un error significativo.