La figura de Alfonso X, el único monarca castellano que se autodenominó «Rey de Andalucía», es fundamental para comprender la génesis de la identidad histórica de esta región. A más de setecientos años de su muerte, persiste el debate sobre los elementos que definen la esencia andaluza, a menudo vinculada a un territorio físico y a civilizaciones pasadas como los tartesios o los andalusíes.
Sin embargo, una perspectiva académica actual subraya que la identidad cultural moldea el territorio, y no a la inversa. En este sentido, la Andalucía histórica que conocemos hoy se gestó principalmente a raíz de la conquista y repoblación castellana, especialmente durante los reinados de Fernando III el Santo y, de manera crucial, de Alfonso X.
La génesis de esa Andalucía histórica, bien delimitada siempre en el tiempo y en el espacio, se había desarrollado como consecuencia directa del proceso de conquista y repoblación castellana durante los reinados de los monarcas Fernando III, el Santo, y sobre todo Alfonso X, el Sabio.
Los conquistadores cristianos impusieron nuevos modelos de estructuración social y administrativa, transformando las grandes ciudades del valle del Guadalquivir. La política de Alfonso X sentó las bases de la nueva Andalucía bajomedieval, con sus tres reinos: Córdoba, Jaén y Sevilla. El antiguo reino nazarí de Granada se incorporaría más tarde, a finales del siglo XV.
La labor del Rey Sabio fue decisiva en la organización de las complejas estructuras poblacionales, sociales, económicas, jurídicas, lingüísticas y religiosas de Andalucía. Si bien Fernando III reintegró el territorio andalusí a la civilización cristiana, fue Alfonso X quien lo incorporó definitivamente al reino de Castilla y León como un espacio estratégico de gran valor, destacando ciudades como Jerez, Carmona, Écija, Úbeda, Baeza, Córdoba, Jaén y, sobre todo, Sevilla con su puerto y río.
Lejos de ser un mero apéndice castellano, los tres reinos andaluces desarrollaron elementos distintivos de enorme valor geopolítico. La creación del Adelantamiento de Andalucía o de la Frontera en 1253 por Alfonso X, reflejó la condición de Andalucía como tierra de límite y de oportunidades. Su léxico, herencia material y cultural islámica, junto con los fueros y ordenamientos regios, consolidaron una tierra de promisión con amplias posibilidades socioeconómicas y libertades personales. La lengua, la fe y las estructuras sociales, económicas y jurídicas actuales de Andalucía hunden sus raíces en este proceso de conquista y repoblación cristiana impulsado por Alfonso X, considerado el más universal de los monarcas medievales.




