Desde las cinco y media de la tarde, la Parroquia de San Francisco fue el punto de partida para una de las procesiones más emblemáticas de la Semana Santa linarense. La cofradía, con una historia que se remonta a 1894, desplegó un cortejo de 1.105 hermanos, quienes son considerados un pilar fundamental de la fe local. El aire se impregnó del aroma a incienso, mientras la plaza se llenaba de expectación ante el inicio de la ceremonia.
Bajo la dirección del Hermano Mayor, D. Manuel Amat Cerón, el Santísimo Cristo de la Expiración, una imponente talla de Gabino Amaya de 1942, restaurada por Luis Álvarez Duarte en 2012, fue portado por 105 horquilleros. La imagen, con sus pies juntos y un clavo en cada uno, evocó la simbología cristiana más auténtica, recordando la «rosa de la vida» que en 2017 simbolizó la sangre derramada en el Gólgota.
El acompañamiento musical estuvo a cargo de la Banda de Cabecera del Santísimo Cristo de la Expiración, que estrenó un banderín, y la Banda de CC. y TT. «Nuestra Señora del Rosario» de Linares, que añadió un contrapunto épico a la procesión, especialmente en cada «revirá» hacia la Carrera Oficial.
Posteriormente, Nuestra Señora de la Esperanza, una joya decimonónica de la Escuela Levantina también restaurada por Duarte, procesionó con una elegancia que cautivó a los fieles. Su paso de palio, con la candelería completamente restaurada, reflejaba la luz de los cirios sobre el rostro de la Virgen. La Señora lució su corona de salida restaurada, mientras 65 horquilleros la mecían con suavidad. La Sociedad Filarmónica «María Inmaculada» de Linares acompañó a la Esperanza con un repertorio de marchas clásicas, creando una atmósfera de gloria inmarcesible.
El Viernes Santo en Linares se ha vivido con una intensidad memorable, donde la devoción a la Expiración y la Esperanza reafirma la fe de un pueblo arraigado en sus tradiciones, especialmente en el barrio de San Francisco.




