La jornada del Viernes Santo en Huelva se vio marcada por un incidente significativo en la procesión de la Hermandad del Santo Entierro. La falta de costaleros para el paso de Nuestra Señora de las Angustias generó una situación crítica, obligando a una movilización de emergencia para asegurar que la imagen pudiera completar su recorrido sin contratiempos.
Este suceso no es un hecho aislado, sino que subraya una problemática persistente que la cofradía oficial de la ciudad no ha logrado resolver. La situación ha generado preocupación, con el riesgo de que se convierta en un punto de fricción entre el Consejo de Hermandades y el Ayuntamiento de Huelva, dada la imagen deficiente proyectada de la Semana Santa onubense.
El origen inmediato del problema se manifestó minutos antes de la salida desde la ermita de la Soledad. Solo 40 costaleros acudieron a la convocatoria inicial, una cifra ya al límite para mover con seguridad el pesado paso. La tensión escaló cuando algunos de los comprometidos no se presentaron, provocando que otros 15 costaleros abandonaran el paso en el Paseo Santa Fe, dejando la cuadrilla con solo 20 efectivos. Esta reducción drástica causó oscilaciones peligrosas en el paso, conocidas como «dar canoa» en el argot cofrade, debido al cansancio y la falta de uniformidad.
“"Se han ido 20 costaleros» y los que quedaban bajo la trabajadera «van muertos»."
Ante la emergencia, el presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías, Antonio González, y la propia hermandad, lanzaron un llamamiento de auxilio a través de redes sociales y la televisión local. La respuesta de la comunidad costalera de Huelva fue crucial, con miembros de otras hermandades como el Descendimiento o la Fe uniéndose al paso en calles como José Nogales y Palos, permitiendo que la Virgen de las Angustias finalizara su estación de penitencia con la dignidad requerida.
Esta situación ya tuvo un precedente en 2024, cuando la hermandad enfrentó una grave crisis de planificación que llevó a la pérdida de más de la mitad de su cuadrilla. En aquella ocasión, la solución provino de la Policía Local de Huelva, que se ofreció voluntaria para portar el paso. Aunque este gesto permitió la salida, no consolidó una base de costaleros propia, dejando a la institución en una dependencia constante de ayuda externa y la improvisación.
La escasez crónica de costaleros en el Santo Entierro se atribuye a la sociología del costalero onubense. Mientras que las hermandades de barrio ofrecen un estilo de carga más «alegre» con música, el Santo Entierro impone un protocolo de extrema sobriedad y rigor litúrgico, menos atractivo para los jóvenes. Además, la carga del Santo Entierro es físicamente más exigente, con el «paso de rúa» o «paso de entierro» que requiere un esfuerzo prolongado, y el Viernes Santo es una de las últimas jornadas, cuando muchos costaleros ya están agotados.
La solución a largo plazo pasa por integrar plenamente a los costaleros en la vida de la hermandad, fomentando un vínculo emocional más allá del esfuerzo físico. La historia y el estatus oficial no son suficientes para garantizar la salida de un paso; se requiere una base humana comprometida que evite tratar a los costaleros como meros «motores de carne».




