La jornada del Viernes Santo en Granada comienza con la salida de la Soledad desde la Iglesia de Santo Domingo a las tres de la tarde. Su recorrido por la Plaza Carnicería y el Realejo, hasta llegar al Campo del Príncipe, sumerge a la ciudad en un silencio palpable, que se intensifica con su regreso al templo.
A las 16:00 horas, la hermandad de los Ferroviarios inicia su estación de penitencia desde San Juan de Letrán. Su extenso itinerario atraviesa hospitales y plazas, mezclando el aroma del incienso con la vida cotidiana, y culmina con su regreso pasada la medianoche, tras haber recorrido el corazón de Granada.
Los Favores descienden de la Iglesia de San Cecilio a media tarde, con una solemnidad que resalta el peso de la devoción. Su paso por las cuestas y esquinas del Realejo, y su llegada a la Catedral, envuelven la noche granadina, regresando a su barrio en la madrugada.
Desde San José de Calasanz, Escolapios despliega su cortejo con dos pasos que avanzan con firme cadencia por el centro de la ciudad. Al cruzar la Carrera Oficial, el murmullo del público se convierte en un respeto contenido, y su lento regreso, más allá de la medianoche, prolonga la atmósfera de la noche.
La gravedad absoluta llega con el Santo Sepulcro, que sale de Plaza Nueva cuando la noche ya domina Granada. Su recorrido dibuja un mapa de recogimiento, sin prisas ni ruidos, solo el peso de la historia y el respeto por lo irreversible. Casi simultáneamente, otra Soledad parte del Monasterio de San Jerónimo, con un itinerario largo que atraviesa las calles hasta la Carrera de la Virgen, regresando en la madrugada y dejando a Granada sumida en un profundo silencio.




