Inaugurada en 1895, la estación se erige como uno de los edificios más singulares de la capital almeriense, destacando por su estructura de hierro y amplias superficies acristaladas. Su diseño la emparenta con otras grandes estaciones europeas de la época, como la Estación de Atocha en Madrid o la Estación del Norte en Valencia, aunque su reconocimiento ha permanecido mayormente en el ámbito local.
Un detalle notable de su interior fue la instalación de un reloj del prestigioso relojero francés Paul Garnier, conocido por equipar con sistemas horarios a numerosas estaciones y edificios públicos en Europa durante el siglo XIX. El diseño del edificio se atribuye al ingeniero francés Laurent Farge, vinculado a la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España, quien concibió una composición simétrica que maximiza la luz natural y la amplitud de los espacios.
El origen de esta infraestructura no fue el transporte de pasajeros, sino la necesidad de trasladar mineral desde el interior de la provincia, específicamente desde Alquife, hasta el puerto, conectando directamente con el Cable Inglés. La minería fue el motor económico que impulsó su construcción en un momento en que Almería fue la última capital andaluza en contar con conexión ferroviaria, tras años de intentos fallidos y problemas de financiación.
Durante más de un siglo, la estación fue un punto neurálgico para el transporte de mercancías y viajeros. Sin embargo, a principios de los años 2000, la apertura de la estación intermodal relegó al edificio histórico a un segundo plano, limitando drásticamente su actividad. Bajo sus cimientos, además, se han descubierto accesos a refugios de la Guerra Civil, parte de la red subterránea construida para proteger a la población de los bombardeos.
Actualmente, con la inminente llegada de la alta velocidad, el futuro de la antigua estación de Almería sigue sin definirse. Se barajan diversas opciones, como su transformación en un espacio cultural, su integración parcial en el nuevo sistema ferroviario o una rehabilitación más ambiciosa, sin que hasta el momento se haya tomado una decisión concreta sobre su función definitiva.




